Me he dado cuenta de que Alemania ya no es lo que era o, al menos, no es lo que me contaron.
Muchos días, al salir del trabajo, me parece oír castellano entre la gente atareada que apura la pausa del mediodía entre panaderías y zapaterías. Y siempre me pregunto si serán emigrantes llegados décadas atrás y que decidieron quedarse, jubilados que vienen a cuidar de sus nietos o turistas que se maravillan ante la casa rosada en la que nació el augusto Ludwig.
Sea como sea, Alemania se parece mucho a España. El caso es que la semana pasada me invitaron a la inauguración de un enchufe. Quizás algún politólogo o algún ciudadano esté preguntándose cuándo son las elecciones. Efectivamente, la cultura política de la inauguración está muy ligada al examen que suponen las carreras de última hora en las legislaturas para presentar el trabajo de fin de curso ante el pueblo. Sin embargo, en este caso concreto, la inauguración es aún más chocante que un político trajeado mendigando votos.
Las energías renovables y la sostenibilidad son temas sobre la mesa en Alemania desde hace muchos años y el tiempo ha hecho que las ideas se conviertan en prototipos y los prototipos en vehículos circulando por las calles de este frío y cuadriculado país.
En la empresa me han dejado un coche eléctrico de camuflaje con el que estoy empezando a hacerme famosa en esta ciudad. Puedo prometer y prometo que mi fama no está relacionada con ningún carril-bici sino que el coche está pintado de verde selva y el camuflaje es más propio del Amazonas que de las orillas del Rhin.
El asunto es que el enchufe que inauguraron en el parking del Ayuntamiento - el segundo en la ciudad - está preparado para dar suministro a los coches eléctricos. Al evento acudieron más de quince periodistas, varias azafatas, los tres políticos de turno y algún vendedor con más corazón que vista comercial.
Ahora hay que preguntarse lo siguiente: cuántos coches eléctricos hay, hasta qué punto es sostenible la dependencia de la energía atómica de la que se nutren estos enchufes y si hemos encontrado el modelo de coche eléctrico que hará que la gente decida dejar a un lado el petróleo. Lo cierto es que yo sólo he visto dos en una ciudad de más de trescientos mil habitantes.
Y la verdad es que me siento como en casa al ver que aquí también hay políticos que inauguran cosas, aunque no esté claro si sirven para algo.
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