12 de abril de 2010

Polonia

Llegué a Varsovia el 5 de septiembre del año pasado, con una maleta llena de ropa de invierno, suspicacias y muchos miedos. Hasta ahora, aún no había escrito en el blog sobre mi experiencia polaca. Tal vez, porque me ha costado hacerme con el país y su durísimo invierno, quizás porque hemos traído un trocito de esa España alegre a este rincón llamado "Natolín", o simplemente, porque me gusta imaginar cosas más allá de esta ventana y durante mucho tiempo he pensado que debería estar en otro lugar.


El sábado por la mañana, Polonia se levantó con la triste noticia de un trágico accidente de avión que acabó con la vida del Presidente y de gran parte de la cúpula política y militar del país. Tras las primeras horas de incertidumbre, los peores presagios se confirmaron.


Polonia me ha sorprendido por muy diversas razones, pero a esta larga lista debo añadir la reacción de los ciudadanos esta semana. Estamos viviendo siete días de luto nacional, de profunda tristeza y de gran recogimiento, pero también de unión en el dolor de todos los polacos. El Presidente Kaczynski, con sus políticas de ultraderecha y su euroescepticismo, se había ganado numerosas antipatías, dentro y fuera del país. Sin embargo, las muestras de dolor por la muerte de casi cien personas, han dejado de lado las diferencias políticas. El sábado a mediodía una multitud empezó a congregarse frente a las puertas del Palacio Presidencial en Nowy Swiat. Las lágrimas, los sollozos y los rezos aún continúan.


Estos tristes acontecimientos me han hecho acercarme un poco más al país que durante casi ocho meses me ha acogido, a su cultura y a sus gentes.


Yo nunca pensé que algún día viviría en Polonia, ni siquiera era uno de mis destinos en esa lista de viajes soñados que todos tenemos. Pero a día de hoy, estoy muy agradecida por una oportunidad única, no sólo en el plano académico, sino en el plano personal. La lista de momentos para la memoria y para el corazón es interminable, y eso, que aún me quedan unos meses de idas y venidas por este hermoso y recóndito lugar de Varsovia.


Cuando llegué, lo primero que me asombró fue el aeropuerto, con una terminal comunista y otra construida tras la Caída del Muro. Y este mismo contraste ha vuelto a aparecer en los edificios, en la gente, en los supermercados, en los puestos en la calle, en el frío invierno y la verde primavera...


Polonia no es el país que muchos imaginan, ya no hay escasez de alimentos en los supermercados, no todos los edificios siguen el patrón de construcción comunista y su oferta cultural y de ocio está al nivel de otras capitales europeas.


Una de las cosas que algún día lamentaré, con la distancia de la comodidad, es no haber vivido el ambiente de un barrio real, en vez de un campus internacional al que sus moradores llamamos "The Golden Cage". Muchas veces, los taxistas me han preguntado quién vive ahí, qué hace la gente y no es raro encontrar a varias personas todos los días junto a las vallas mirando con curiosidad. Y desde mi ventana, yo también me pregunto cómo sería vivir al otro lado, "en el mundo real".


Y así, entre sorpresas, contrastes, soledades y alegrías, va pasando uno de los años más intensos de mi vida. Con la esperanza de que la maleta vuelva llena de nuevos y viejos amigos, de sueños cumplidos y por cumplir y con la sensación de que mereció la pena venir.

No hay comentarios.: