El Consell de la Generalitat Valenciana, por medio de la Conselleria de Infraestructuras y Transportes, ha propuesto una ampliación del Puerto Deportivo de la Torre de la Horadada. Dicho proyecto pretende ampliar el número de amarres y la extensión actual de la superficie del puerto.
Hasta ahí, todo suena maravilloso porque a quién no le alegra que su Comunidad Autónoma se acuerde de su pueblo para invertir unos euros.
Sin embargo, una mirada algo más profunda sobre el fondo de dicho proyecto pone de relieve muchos interrogantes, cuál más sombrío.
La primera exclamación, o quizás la primera vela por un paraíso perdido, está en el actual puerto. Tiene más de 30 años, no es moderno, no es grande, no es un orgullo del que podamos presumir. Cuando se construyó, en unos años difíciles para un pueblo, Pilar de la Horadada, que luchaba por su independencia, ya tuvo sus consecuencias. El litoral de la Vega Baja tiene un enorme valor ecológico y cuenta con una gran superficie marina protegida, así como una zona de especial protección para las aves.
Pilar de la Horadada tiene un litoral bellísimo o, quizás, lo tenía. La Playa de las Higuericas conservaba dunas naturales a la orilla del mar. Dunas, palmeras y paisajes que quedarán para siempre en la memoria de una generación que descubrió el edén en su propio pueblo. Y es que también la playa fue parte de nuestra modernidad.
Sin embargo, los tiempos cambian y con ellos nuestros valores y nuestras ambiciones. Algunos se dieron cuenta de lo que todos sabían, que el sol y la playa eran una riqueza inigualable, y decidieron comerciar con ello. Muchos entraron en el juego, todos lo sabían, algunos lo permitieron y hoy todos somos más pobres. Es lo que tiene la cultura de lo efímero.
El resultado es que hemos vivido unos años maravillosos porque tenemos una nueva oportunidad de valorar qué es lo que tenemos y cómo debemos gestionarlo.
Más allá de las gravísimas consecuencias ecológicas que podría tener la nueva ampliación del puerto de la Torre, hay otras implicaciones que deberíamos considerar.
> El Pilar nunca fue un pueblo con tradición de mar y son muy pocos los que disfrutan el puerto deportivo, en comparación con los que van cada verano a unas playas ya de por sí erosionadas, mermadas y maltratadas.
> Es maravilloso que la Generalitat Valenciana se acuerde del "último pueblo de la Comunidad" para gastar sus euros, nuestros euros. Sin embargo, una vez más el Pilar es un lugar olvidado al que nadie preguntó qué quería ser. Es estupendo que en tiempos de crisis económica y, sobre todo, social, como los que vivimos, el Gobierno Autonómico decida invertir en nuestro pueblo. Pero el municipio tiene muchas carencias, más urgentes que un puerto deportivo, que también darían trabajo y que cumplirían una función social en muchas generaciones. Ojalá alguien se acordara de hacer un instituto nuevo al que puedan acudir los que tengan barco y los que no, de ampliar un centro de salud que nació tan pequeño como grande es la distancia entre el Pilar y Valencia... y tantas y tantas cosas...
Es una pena que muchos ya no puedan conocer parte de nuestros paisajes y de nuestra historia. Pero lamentarse por el pasado es perder energías por el presente. Ojalá nunca tengamos que describir nuestras calas rojizas, de fina arena blanca, aguas cristalinas y muchos momentos en la memoria y en el corazón de todos los que nacimos aquí, a los que algún día nacerán.
Hasta ahí, todo suena maravilloso porque a quién no le alegra que su Comunidad Autónoma se acuerde de su pueblo para invertir unos euros.
Sin embargo, una mirada algo más profunda sobre el fondo de dicho proyecto pone de relieve muchos interrogantes, cuál más sombrío.
La primera exclamación, o quizás la primera vela por un paraíso perdido, está en el actual puerto. Tiene más de 30 años, no es moderno, no es grande, no es un orgullo del que podamos presumir. Cuando se construyó, en unos años difíciles para un pueblo, Pilar de la Horadada, que luchaba por su independencia, ya tuvo sus consecuencias. El litoral de la Vega Baja tiene un enorme valor ecológico y cuenta con una gran superficie marina protegida, así como una zona de especial protección para las aves.
Pilar de la Horadada tiene un litoral bellísimo o, quizás, lo tenía. La Playa de las Higuericas conservaba dunas naturales a la orilla del mar. Dunas, palmeras y paisajes que quedarán para siempre en la memoria de una generación que descubrió el edén en su propio pueblo. Y es que también la playa fue parte de nuestra modernidad.
Sin embargo, los tiempos cambian y con ellos nuestros valores y nuestras ambiciones. Algunos se dieron cuenta de lo que todos sabían, que el sol y la playa eran una riqueza inigualable, y decidieron comerciar con ello. Muchos entraron en el juego, todos lo sabían, algunos lo permitieron y hoy todos somos más pobres. Es lo que tiene la cultura de lo efímero.
El resultado es que hemos vivido unos años maravillosos porque tenemos una nueva oportunidad de valorar qué es lo que tenemos y cómo debemos gestionarlo.
Más allá de las gravísimas consecuencias ecológicas que podría tener la nueva ampliación del puerto de la Torre, hay otras implicaciones que deberíamos considerar.
> El Pilar nunca fue un pueblo con tradición de mar y son muy pocos los que disfrutan el puerto deportivo, en comparación con los que van cada verano a unas playas ya de por sí erosionadas, mermadas y maltratadas.
> Es maravilloso que la Generalitat Valenciana se acuerde del "último pueblo de la Comunidad" para gastar sus euros, nuestros euros. Sin embargo, una vez más el Pilar es un lugar olvidado al que nadie preguntó qué quería ser. Es estupendo que en tiempos de crisis económica y, sobre todo, social, como los que vivimos, el Gobierno Autonómico decida invertir en nuestro pueblo. Pero el municipio tiene muchas carencias, más urgentes que un puerto deportivo, que también darían trabajo y que cumplirían una función social en muchas generaciones. Ojalá alguien se acordara de hacer un instituto nuevo al que puedan acudir los que tengan barco y los que no, de ampliar un centro de salud que nació tan pequeño como grande es la distancia entre el Pilar y Valencia... y tantas y tantas cosas...
Es una pena que muchos ya no puedan conocer parte de nuestros paisajes y de nuestra historia. Pero lamentarse por el pasado es perder energías por el presente. Ojalá nunca tengamos que describir nuestras calas rojizas, de fina arena blanca, aguas cristalinas y muchos momentos en la memoria y en el corazón de todos los que nacimos aquí, a los que algún día nacerán.
2 comentarios:
Hay tantos interrogantes sombríos en la vida... y generan tanta impotencia
De acuerdo que generan impotencia, pero, ¿tenemos que permanecer callados?. Nuestro deber ciudadano es denunciar y opnernos públicamente a todo ello, y en este caso a una obra que si no impedimos destrozará irremediablemente nuestras playas para nosotros y nuestros hijos. Sino mira como está ahora la playa del puerto y mira lo que fué en el siguiente link puertotorrehoradada.over-blog.com
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