27 de noviembre de 2009

Un día

A lo largo de la vida, uno emprende un camino sin saber cuál es el destino. Una dirección que cambia, se desdibuja, se sueña, se anhela, se odia, se ama y, en definitiva, se vive.

Nunca podríamos describirnos sin referirnos a nuestro entorno, nuestras circunstancias, la gente que nos rodea, nuestras pasiones y nuestros miedos. Tal vez, pasamos toda la vida pensando y no llegamos a ninguna conclusión aproximada de lo que somos; puede ser que ni siquiera nosotros mismos lleguemos a conocernos un poquito.

Sin embargo, las emociones juegan un rol importantísimo en nuestro carácter y en nuestra forma de ser. Entre los inmensamente felices y los profundamente tristes, hay toda una paleta de semblantes que le dan color a las veredas del camino.

Que nuestras relaciones con los demás y, sobre todo, las percepciones que tenemos de las cosas , influyen en lo que somos, no es un descubrimiento nuevo. A veces, hay quien dice que los malentendidos, los problemas y las guerras son producto de esas percepciones erróneas. Quizás tengan razón.

He hablado muchas veces en este blog de ponerse en el lugar del otro: algo tan cercano y al mismo tiempo tan difícil o imposible. Podría ser una solución fantástica para saber qué pasa en la mente o en el corazón de esa persona que nos turba, en la cercanía o en la distancia, en el amor o en el desamor. Pero como de momento no es posible, habrá que conformarse con hacer pensar a nuestro corazón y poner a sentir a nuestra cabeza.

Hace unos años recibí un e-mail con un texto precioso sobre escribir en la arena del desierto, donde el viento se llevaría nuestros sinsabores, y el corazón, donde había que escribir aquello que queríamos que permaneciese para siempre.

De una época para acá, ya no tengo tanto tiempo como solía para dedicarme a leer por placer , y en vez de eso, lo he hecho por la obligación de cumplir un expediente que me ha interesado menos que la vida misma. El juicio está bastante claro. Sin embargo, hay textos, fragmentos, poesías, cartas, que nunca me cansaría de leer y de disfrutar, porque forman parte de mi pasado, de mi presente y de mi futuro y viajan conmigo en mi carácter. Hay cosas que marcan para siempre.

No obstante, la forma de enfrentarnos a las circunstancias no es igual en todas las noches de la luna. Quizás no apreciaríamos el texto más hermoso, cuando nuestra vida es aún más plena. O quizás sí. Ocurre lo mismo con las emociones. Por mucho que estimemos a quienes nos rodean, a veces, no somos capaces de entender cuál es el dolor de sus corazones, igual que a nosotros se nos olvida el origen de su pesar.

Si bien no tiene sentido guardar un libro en un cajón con llave de una biblioteca, tampoco lo tiene cerrarle las puertas al dolor. La magnitud de las razones del otro, sólo el otro las conoce, o quizás, ni siquiera él. Al igual que nuestros pesares, nos los podrán aliviar, pero no medir. Y en ese tira y afloja, pasa la vida, con palabras que se las lleva el viento y palabras que quedan para siempre. Y son, precisamente, éstas últimas las que tienen la capacidad de conducirnos a la dicha o sumirnos en un dolor permanente.

Ojalá nunca más tuviéramos que renunciar a lo que somos para poder seguir siendo felices. Ojalá nunca más tuviéramos que soñar que las palabras escritas en el corazón no se las llevó el viento. Ojalá pudiéramos ponernos en el lugar del otro, sin tener que derramar tantas lágrimas en el camino, para comprender por qué un mismo sentimiento compartido intenta redibujarnos la vida tantas veces.

"Un día te preguntaré que tal te ha ido, y tu me preguntarás a mí lo mismo.
Un día irás al cine, y cuando mires a un lado yo estaré allí.
Un día escucharás una de esas canciones, y cuando gires la cara me tendrás junto a ti.
Un día terminarás un libro, y cuando cierres las tapas me dirás "¡que malo és!" muy indignada.
Un día te atrancarás con la tecnología, y cuando resoples te diré lo que tienes que hacer con una sonrisa.
Un día mirarás al mar, y cuando no oigas el sonido de las olas será porque una carcajada estruendosa te lo impide."

3 comentarios:

Beatriz del Hoyo dijo...

Y qué bonito será ese día...

Anónimo dijo...

Te debo un comentario me lo apunto en la agenda. Muy bonito, aunque...

Anónimo dijo...

Fallo 1. Piensas demasiado, eso no es bueno jaja.

Fallo 2. Ponerse en lugar del otro no sirve de nada, ya que puedes influirlo durante un instante, pero después cambiará por otros agentes.

Fallo 3. Escribes cosas muy largas, tarda mucho tiempo en leerlas un@.

Fallo 4. Creé una necesidad, al igual que ahora mismo estoy creando un cabreo seguido de una buena carcajada XD.

A que viene este texto, no lo sé, como se interpreta, tampoco. Abre los ojos... es el título de una película de Almodovar, que por cierto no me gusto. Y a vosotros ?

Feliz navidad

P.D.: mE gUsTaRíA vEr El Mar, CóMo SeRá ?