1 de septiembre de 2009

El primer día de mi vida

No siempre se empieza a vivir el día que se nace. A veces, se necesitan cataclismos en la cotidianidad para empezar a respirar vientos de libertad, vientos de cielo azul.

Cadenas hay muchas a lo largo de la vida, casi tantas como caminos que se cruzan, manos que se estrechan y besos que se anhelan.

Las relaciones humanas producen grandes satisfacciones y también tremendas decepciones. Tal vez, porque la línea que separa la dicha de la tragedia se difumina en el recuerdo del último te quiero que no llegamos a decir, de la mano que se deslizaba en un adiós del alma y del corazón, del sueño ajeno que no supimos cumplir, de los segundos que separan la noche del día...

Pero no todas las cadenas son iguales, como no todos los días brilla el sol al compás del mismo bolero.

Hay gente que se quiere, gente que se odia, gente que se echa de menos, gente que se desea, gente que se busca, gente que se destruye, gente que se encuentra.

Algunos se cogen de la mano, otros no. Hay cartas que se pierden, otras llegan.

Pero hay cadenas que se rompen, como vidas que se quiebran, como playas de amantes, como días en que se nace.


A quienes lloraron por amor en noches sin fin. A quienes supieron decir adiós. A quienes empezaron a vivir.


2 comentarios:

Beatriz del Hoyo dijo...

Gracias, Claudia. Muchos besos y mucha suerte a ti también!

Espero que nuestros caminos se crucen pronto.

Anónimo dijo...

No digas Adios si sabes que no vas a poder marcharte. Tal vez ahi queda resumido, nunca nos vamos de los lugares que quisimos. No nos hablarían "ellos" con ojos de mercader, donde quisimos amarnos, donde supimos perder. Nadie entenderá porque siempre regresamos a nuestros miedos, nuestras ilusiones. Yo aprendí a decir adios, o hasta pronto un día. Tal vez siempre deba permanecer un Hasta Siempre.

Un beso

Alberto Lahoz.