A veces es mejor caminar, que pararse y ponerse a pensar. Pero, en ocasiones, la vida te obliga a ser valiente, a echar la vista atrás, a cumplir con aquel gesto, aquella forma de abrazar o aquellas gracias que no diste.
Tal vez, la vida sea un camino, pero no todas las formas de recorrerlo son iguales, ni siquiera parecidas. Algunas veces no se puede volver atrás, otras no se quiere y algunas se perdió lo que más se quería.
En este sentido, hay gente que disfruta peleándose, haciendo un problema de todo y encontrando en la confrontación una fuente de energía y de desgaste ajeno. Otros ven luces donde todo son sombras y son felices mientras que no pierden su estrella, o empiezan a serlo de verdad cuando la encuentran. Algunos se pasan la vida huyendo, intentando que nada les afecte porque los problemas son de otros. Hasta que se dan cuenta de que no pueden huir de sí mismos.
También hay otros en los que coinciden la nostalgia y la tristeza y, por qué no, la esperanza.
Hay personas valientes. Personas que deciden escribir cartas antes que enterrar sus sentimientos, aunque no se atrevan a mirar a los ojos del otro. Quizás, para que no vean la inmensidad del mar, quizás, porque nunca soñamos con un "no". Hay quien encuentra escrito lo que no quiso ver, lo que no escuchó, lo que siempre supo.
Hay palabras escritas a fuego. Hay noches infinitas. Hay recuerdos imborrables. Hay cobardes. Hubo un adiós y también un para siempre.
Hay quien se pasa la vida abriendo el buzón. Hay cartas que nunca llegan. Hay cartas que nunca se escribieron.
Tal vez, la vida sea un camino, pero no todas las formas de recorrerlo son iguales, ni siquiera parecidas. Algunas veces no se puede volver atrás, otras no se quiere y algunas se perdió lo que más se quería.
En este sentido, hay gente que disfruta peleándose, haciendo un problema de todo y encontrando en la confrontación una fuente de energía y de desgaste ajeno. Otros ven luces donde todo son sombras y son felices mientras que no pierden su estrella, o empiezan a serlo de verdad cuando la encuentran. Algunos se pasan la vida huyendo, intentando que nada les afecte porque los problemas son de otros. Hasta que se dan cuenta de que no pueden huir de sí mismos.
También hay otros en los que coinciden la nostalgia y la tristeza y, por qué no, la esperanza.
Hay personas valientes. Personas que deciden escribir cartas antes que enterrar sus sentimientos, aunque no se atrevan a mirar a los ojos del otro. Quizás, para que no vean la inmensidad del mar, quizás, porque nunca soñamos con un "no". Hay quien encuentra escrito lo que no quiso ver, lo que no escuchó, lo que siempre supo.
Hay palabras escritas a fuego. Hay noches infinitas. Hay recuerdos imborrables. Hay cobardes. Hubo un adiós y también un para siempre.
Hay quien se pasa la vida abriendo el buzón. Hay cartas que nunca llegan. Hay cartas que nunca se escribieron.
4 comentarios:
Siempre me gustaron las cartas...
Sé muy feliz, te lo deseo con todas mis fuerzas.
Un "siempre",
Bea
Hay cartas que no tienen sellos, y otras que nunca se llegan a enviar. Cartas que duelen, otras que dan esperanza, otras que nunca quisimos escribir y otras que nos gustaría haber escrito.
Quedan las cartas que escribiremos. Recordando momentos, cuando queramos evadirnos de una realidad dolosa o cuando queramos un atisbo de esperanza. Queda todo lo que nos quedará por descubrir a la vuelta y todos los recuerdos que hemos construido. Quedarán miles de momentos de historias, pasaremos y quedaremos, no?
Besos
Alberto Lahoz
Y fue en quel preciso instante, cuando humilde, el bravo viento me confesó su secreto.
¿Qué coherencia es más incoherente que el mismo ser?
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