La calle grita. El silencio se ahoga en la tristeza.
Probablemente, muchos de nosotros no habíamos vivido ninguna época como ésta. Las fábricas cierran, los empleos desaparecen y los derechos sociales se olvidan, mientras la desesperanza se apodera de nuestros días como hacía mucho que no ocurría.
¿Dónde están los sindicatos? ¿Dónde están los políticos? ¿Dónde están los liberales? ¿Dónde están los ciudadanos?
Las crisis son recurrentes, pero no aprendemos de nuestro pasado. Dicen algunos que Europa es una utopía, un sueño en contínua construcción y, tal vez, sea cierto. Lo que sucede es que intentamos construir un Estado de Bienestar, con dinero americano primero y ahorro del centro y norte después, no sólo por el bienestar, sino por la geopolítica y el miedo a la influencia soviética. Quizás, el Welfare State sea una de las más grandes contribuciones de Europa al mundo.
Sin embargo, muchos europeos parecen ignorarlo. Milton Friedman no era más guapo que John Maynard Keynes o que Willy Brandt, pero sí captó más la atención de nuestros políticos y sus amigos liberales. Todo economista y toda persona (perdón por diferenciar) sabe que el capitalismo tiene fases expansivas y recesivas o, dicho de otro modo, buenas y malas épocas. Pues bien, cuando el crecimiento era muy grande en Europa, sólo pensábamos en gastar y no en guardar para posibles recesiones o para mejorar un sistema social que cada vez necesitaba más recursos. Las privatizaciones y el liberalismo que en su día permitieron a unos pocos hacerse muy ricos, hoy han conseguido que muchos sean muy pobres y ya no haya ni siquiera el colchón de Papá-Estado.
La potencia americana cada día es más superviviente y menos hegemónica que diría Noam Chomsky. Y, mientras tanto, Europa sigue dormida en sus luchas internas de buenas intenciones.
Los malos tiempos son épocas para pensar, para construir y para acabar con lo que sobra. Lo que ocurre es que siempre se nos hecha el tiempo encima porque los buenos tiempos sirven para lo mismo.
En todas las calles de Europa hay algo en común a medio camino entre las oportunidades perdidas y la impotencia por un futuro incierto, ¿por qué han de ser los bancos los que las unan y no las vías de comunicación?
Una europea
Probablemente, muchos de nosotros no habíamos vivido ninguna época como ésta. Las fábricas cierran, los empleos desaparecen y los derechos sociales se olvidan, mientras la desesperanza se apodera de nuestros días como hacía mucho que no ocurría.
¿Dónde están los sindicatos? ¿Dónde están los políticos? ¿Dónde están los liberales? ¿Dónde están los ciudadanos?
Las crisis son recurrentes, pero no aprendemos de nuestro pasado. Dicen algunos que Europa es una utopía, un sueño en contínua construcción y, tal vez, sea cierto. Lo que sucede es que intentamos construir un Estado de Bienestar, con dinero americano primero y ahorro del centro y norte después, no sólo por el bienestar, sino por la geopolítica y el miedo a la influencia soviética. Quizás, el Welfare State sea una de las más grandes contribuciones de Europa al mundo.
Sin embargo, muchos europeos parecen ignorarlo. Milton Friedman no era más guapo que John Maynard Keynes o que Willy Brandt, pero sí captó más la atención de nuestros políticos y sus amigos liberales. Todo economista y toda persona (perdón por diferenciar) sabe que el capitalismo tiene fases expansivas y recesivas o, dicho de otro modo, buenas y malas épocas. Pues bien, cuando el crecimiento era muy grande en Europa, sólo pensábamos en gastar y no en guardar para posibles recesiones o para mejorar un sistema social que cada vez necesitaba más recursos. Las privatizaciones y el liberalismo que en su día permitieron a unos pocos hacerse muy ricos, hoy han conseguido que muchos sean muy pobres y ya no haya ni siquiera el colchón de Papá-Estado.
La potencia americana cada día es más superviviente y menos hegemónica que diría Noam Chomsky. Y, mientras tanto, Europa sigue dormida en sus luchas internas de buenas intenciones.
Los malos tiempos son épocas para pensar, para construir y para acabar con lo que sobra. Lo que ocurre es que siempre se nos hecha el tiempo encima porque los buenos tiempos sirven para lo mismo.
En todas las calles de Europa hay algo en común a medio camino entre las oportunidades perdidas y la impotencia por un futuro incierto, ¿por qué han de ser los bancos los que las unan y no las vías de comunicación?
Una europea
3 comentarios:
Ya sabes que si no te critico no me quedo a gusto: el cierre un poco flojo.
El cierre viene mañana con Josep Pla, porque a algunas cosas, hay que responder con cultura.
A mi no me ha resultado un cierre flojo; al contrario, me resulta adecuado dejar una vía abierta a la reflexión.
Otra europea ;)
Publicar un comentario