20 de septiembre de 2008

Deseo




Te deseo primero que ames,
y que amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que sí es,
sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos,
y que, incluso malos e inconsecuentes
sean valientes y fieles, y que por lo menos
haya uno en quien confiar sin dudar

Y porque la vida es así,
te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que, algunas veces, te cuestiones
tus propias certezas. Y que entre ellos,
haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro

Te deseo además que seas útil,
más no insustituible.
Y que en los momentos malos,
cuando no quede más nada,
esa utilidad sea suficiente
para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante,
no con los que se equivocan poco,
porque eso es fácil, sino con los que
se equivocan mucho e irremediablemente,
y que haciendo buen uso de esa tolerancia,
sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no
madures demasiado de prisa,
y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer
y su dolor y es necesario dejar
que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras
que la risa diaria es buena, que la risa
habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras,
con urgencia máxima, por encima
y a pesar de todo, que existen,
y que te rodean, seres oprimidos,
tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un perro,
alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero
erguir triunfante su canto matinal,
porque de esta manera,
te sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla,
por más minúscula que sea, y la
acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuántas vidas
está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero,
porque es necesario ser práctico,
Y que por lo menos una vez
por año pongas algo de ese d inero
frente a ti y digas: "Esto es mío".
sólo para que quede claro
quién es el dueño de quién.

Te deseo también que ninguno
de tus afectos muera, pero que si
muere alguno, puedas llorar
sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre,
tengas una buena mujer, y que siendo
mujer, tengas un buen hombre,
mañana y al día siguiente, y que cuando
estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recomenzar.


Si todas estas cosas llegaran a pasar,

no tengo más nada que desearte,

sino que seas feliz.


Víctor Hugo


Dedicado a todos los amantes de la Playa de mi vida



5 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Precioso! No había leído nada de Víctor Hugo, y lo que has elegido, me ha encantado.
Un besazo!

Bea

Anónimo dijo...

"Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras
que la risa diaria es buena, que la risa habitual es sosa y la risa constante es malsana."

El problema es cuando hay que utilizar la risa porque todos los días la tristeza de la realidad no te deja disfrutar de la felicidad, porque no la puedes tocar y sientes como llora casi cada rinconcito de tu cuerpo.

Alberto Lahoz dijo...

Te deseo que mantengas siempre esa sonrisa, que pese a las adversidades todo mantenga una calma, y que cuando alguien se enfrente a ti sea en el mundo de las ideas, y que los ataques personales te sean indiferentes.

Ya ves comienza el curso y nos quedan unos días para volver a vernos. Ya tengo ganas.

Un beso

Alberto

Alejandra. dijo...

te deseo lo mejor , porq no te mereces menos,pekeña alcaldesa..pero vuelve a la sede de madrid q te echo de menos!!!...
alejandrita!.

Anónimo dijo...

Para los amantes de la playa, inspirado en el cuadro de Edvar Munch, Separación.

Cuantas noches / me encontrabas ausente / hablando con la luna,/ y ante ti, indiferente. / Yo veía tu sombra, / caminabas tristemente / con los ojos cuajados / de lágrimas indulgentes./ Me dormía en el jardín / evitando el momento / que tu cuerpo y el mío / se enfrentaran al silencio. / El mar insistía, / con triste lamento, / que fuimos amantes, / que todo fue cierto. / Mas como la arena, / ya era el amor nuestro: / trocitos de conchas, / de seres ya muertos.

Bss.