"Se quedan los guapos y nos marchamos los buenos". Más que la despedida de un político singular parece la metáfora de la historia reciente de nuestra política estatal. La legislatura ha sido convulsa y marrullera en muchos aspectos poco productivos y menos enriquecedores.
Algunos ya han decidido tomar otro camino tras haberse cerrado las puertas de "la cosa pública", pero habiéndose molestado en conseguir una vía de entrada al mundo de la empresa y del capital al que no pudieron satisfacer lo suficiente desde la poltrona.
En ocasiones parece que el Parlamento se haya convertido en el trampolín necesario para triunfar en la vida pública y hacerse un renombre posterior en el mundo de los negocios. Muy lejos queda ya la retórica de Emilio Castelar, las verdaderas intervenciones cargadas de ideología y la política hecha con el corazón. Los partidos de masas, las burocracias, los intereses económicos y un sinfín de explicaciones desde la teoría política, que la dejaremos para otra ocasión, están en el trasfondo de todo esto.
Labordeta quiso despedirse con una Jota del Congreso en el que ha dejado tantas anécdotas para el recuerdo y algunas no sólo para la memoria sino para el corazón (como me gusta decir cada vez que puedo). No pudo ser por las cosas de la institución. Pero en cualquier caso, no estaría demás que de vez en cuando la Casa del Pueblo acogiese la cultura de los pueblos y regiones de España; no deja de ser una parte de nuestra realidad, que es sobre lo que debería versar la política.
Algunos ya han decidido tomar otro camino tras haberse cerrado las puertas de "la cosa pública", pero habiéndose molestado en conseguir una vía de entrada al mundo de la empresa y del capital al que no pudieron satisfacer lo suficiente desde la poltrona.
En ocasiones parece que el Parlamento se haya convertido en el trampolín necesario para triunfar en la vida pública y hacerse un renombre posterior en el mundo de los negocios. Muy lejos queda ya la retórica de Emilio Castelar, las verdaderas intervenciones cargadas de ideología y la política hecha con el corazón. Los partidos de masas, las burocracias, los intereses económicos y un sinfín de explicaciones desde la teoría política, que la dejaremos para otra ocasión, están en el trasfondo de todo esto.
Labordeta quiso despedirse con una Jota del Congreso en el que ha dejado tantas anécdotas para el recuerdo y algunas no sólo para la memoria sino para el corazón (como me gusta decir cada vez que puedo). No pudo ser por las cosas de la institución. Pero en cualquier caso, no estaría demás que de vez en cuando la Casa del Pueblo acogiese la cultura de los pueblos y regiones de España; no deja de ser una parte de nuestra realidad, que es sobre lo que debería versar la política.

1 comentario:
Claudia, podías remitirme tu mail porque quiero escribirte. Un abrazo, Roberto Carballo
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