12 de abril de 2008

El corazón y la política


Mañana y pasado Italia votará y tendrá que elegir entre el eterno Berlusconi y el alcalde de Roma, Veltroni. Según el sistema constitucional italiano, el voto no es un derecho sino un deber. Sin embargo, cuando el voto da tan pocas opciones más que un deber es casi un castigo.

La clase política italiana adolece de muchos "pecados", algunos provienen de la configuración de un sistema político imposible, otros de la propia cultura política y algunos de la Historia del país. En su momento, se decidió primar la representación a la gobernabilidad, dando lugar a un maremágnum de partidos en un Parlamento que acaba organizándose en grandes coaliciones, tan volátiles como los propios intereses políticos.

Mucho se ha hablado de la posible reforma política pero es poco probable que se llegue a un consenso para cambiar una situación que interesa a demasiados. Ya se sabe que la ingobernabilidad abre la puerta a los conseguidores y los convierte en la pieza básica del rodaje del sistema.

Prodi representó al corazón de aquéllos que creían que era posible otra forma de hacer política, alejada del espectáculo, europeísta por su paso por la Comisión, intentando alejarse de la Iglesia y del otro gran grupo de presión italiano. Sin embargo, poco pudo hacer. De todos es sabido que en política las razones que más pesan no son las del corazón sino las de la lógica del poder, del sistema político y de todos los intereses que mueve el capital y sus guardianes. Las palabras democracia, pueblo y participación no cuentan para nada.

¿Tenemos la clase política que nos merecemos? Hay quien llega a la política por vocación de servicio público y hay quien corre hacia ella con vocación de satisfacer un interés privado. Lo que ya no cuadra tanto es que se consienta y se apruebe una mala gestión de lo público (y de la polis) que además nos aleja de un poder que es nuestro como pueblo.

Las razones del corazón pueden ser muy peligrosas en política si derivan hacia fanatismos (individuales o colectivos). Pero hay veces que la política de las ideas y de los ideales nos puede mostrar una cara valiente de lo que somos y de lo que podríamos llegar a ser.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Te gusta recordar a los que te antecedieron. Buena señal, pero poco a poco vas a tener que hablar de los que están todavía ..... porque hay que saber descubrir los que valen la pena y los que no. Un abrazo, Roberto Carballo