Pasear por Madrid puede ser una experiencia maravillosa o, simplemente, sorprendente. Sus calles recogen la historia de una ciudad a través de diversas épocas, de un país, de muchas generaciones y muchos de sus rincones guardan algún recuerdo de las vidas de los que alguna vez estuvimos por aquí.
Mis ojos curiosos no siempre se fijan en los edificios, en las baldosas, en las tiendas, en los zapatos, en las caras... A veces, intentan ir más allá. Hace tiempo, me llamó la atención la entrada de algunos edificios. Un acceso para el servicio y otro para "los señoritos". Esta distinción me parece hasta cruel, pero es más, creo que procede de una España acomplejada, caciquil y corta de miras que, quizás, no hayamos superado del todo.
El problema no es de Madrid, es de muchos de los rincones de nuestra geografía. Tendemos a buscar referentes, que suelen contar más por la apariencia que por el contenido; suelen ser grupos cerrados que se autocomplacen precisamente porque no se atreven a enfrentarse a otros realidades, mejores o peores, pero distintas.
Tal vez, para aprender, haya que reconocer las propias limitaciones, tener la suficiente humildad para observar con curiosidad la realidad de "los otros". Separando, en vez de uniendo, seguro que conseguimos menos.
Mis ojos curiosos no siempre se fijan en los edificios, en las baldosas, en las tiendas, en los zapatos, en las caras... A veces, intentan ir más allá. Hace tiempo, me llamó la atención la entrada de algunos edificios. Un acceso para el servicio y otro para "los señoritos". Esta distinción me parece hasta cruel, pero es más, creo que procede de una España acomplejada, caciquil y corta de miras que, quizás, no hayamos superado del todo.
El problema no es de Madrid, es de muchos de los rincones de nuestra geografía. Tendemos a buscar referentes, que suelen contar más por la apariencia que por el contenido; suelen ser grupos cerrados que se autocomplacen precisamente porque no se atreven a enfrentarse a otros realidades, mejores o peores, pero distintas.
Tal vez, para aprender, haya que reconocer las propias limitaciones, tener la suficiente humildad para observar con curiosidad la realidad de "los otros". Separando, en vez de uniendo, seguro que conseguimos menos.
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