29 de enero de 2008

Frente al público

Las jornadas de exposiciones me han motivado a escribir esta entrada después de analizar todo lo que hemos vivido en las últimas semanas.

La mayoría de los grupos se han reunido para negociar cómo llevar a cabo la presentación de sus investigaciones. Sin embargo, no todas las exposiciones han acabado con un balance positivo.

Tenemos muchos vicios adquiridos con el tiempo y una capacidad de aprendizaje limitada que nos impide comunicar aquello que pretendemos. Quizás, lo más importante sea ser sugerentes, innovadores, estar interesados por aquello de lo que hablamos, ser transgresores y, sobre todo, crear un estilo propio que nos haga diferentes, modernos...

He observado que hay muchas personas que necesitan constantemente tener delante un papel, cuya lectura no suele ser sugerente, y da pie a un nerviosismo muy visible (el papel suele temblar y a veces las manos sudan). Otros compañeros leen literalmente las presentaciones de powerpoint, el problema aquí es que se suele dar la espalda, se pierde el contacto visual y, tal vez, algo de interés por lo que se está hablando.

La cuestión del tiempo es también digna de mención. En ocasiones, no todas las intervenciones de los miembros del grupo son igual de interesantes, por lo que no siempre es adecuado repartir el tiempo equitativamente. Lo que ocurre, es que muchas veces se da demasiada información, que no se puede procesar y que puede hacernos perder el hilo argumental. En este sentido, deberíamos evitar también que las exposiciones parezcan retales unidos por las circunstancias, en vez del trabajo de un grupo.

Otro tema que a mí siempre me ha fascisnado es el lenguaje corporal. Así pues, mencionaré algunos detalles que han llamado mi atención. He observado que hay gente muy tímida en clase, personas que realmente lo han pasado mal al tener que enfrentarse a un público que no siempre es de amigos dispuestos a aplaudirlo todo (hacen bien, las críticas coherentes ayudan mucho a aprender). Las manos en los bolsillos, ya sea una o las dos, dan una sensación de timidez y de que hay algo que ocultar, carencias que no se quieren mostrar, indefensión. Otro tanto ocurre con quien coge en la mano un bolígrafo o algo similar, es una forma de ocupar las manos cuando no se sabe muy bien que hacer con ellas. La voz, hacia abajo o proyectada, es un indicador de la posición que queremos tener frente al público, el problema es que hay veces que lo que la voz trata de ocultar, el cuerpo lo delata. Una cosa muy interesante es la posición de las manos; yo siempre me fiaría más de quien muestra sus palmas, quien tiene gestos envolventes y pausados, que de quien tiene gestos que rozan lo despectivo hacia los interlocutores. Otro punto más complejo es la ropa, no siempre hay que observarla desde el punto de vista de la moda, puede decirnos mucho de lo que hay debajo. Aunque desde mi punto de vista, nos descubren aún más cosas los zapatos y la posición de los pies al hablar.

Como decía antes, en clase hay personas muy tímidas, pero algunas de ellas se han esforzado mucho en intentar superar sus miedos, para comunicar el trabajo de meses de investigación. Deberíamos reconocer todos que tenemos mucho que aprender y que parte de ese aprendizaje puede venir de los propios compañeros. Y, además, la observación da pie a un análisis que nos puede ayudar a mejorar. Por ello, tan interesante es situarse en el público como frente a él. Desde la tribuna también caben análisis curiosos que pueden retroalimentar nuestro rol de comunicadores.


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