
En la vida hay cosas que se eligen y cosas que no. Circunstancias que nos hacen felices y otras que nos entristecen. Por suerte, muchas veces la voluntad también juega un papel importante. Quizás, sea cierto que en ocasiones preferimos no ser libres, para no tener que elegir y descartar. Pero eso es lo más fácil y las cosas que merecen la pena suelen exigir algo más de empeño.
La felicidad se busca y además se encuentra, aunque también habría que hablar de la suerte como una mezcla de preparación y oportunidad. El hecho de ser mujer hoy ya no es una cuestión sólo biológica, sino también cultural, de género y de voluntad. Todo esto, lejos de allanarnos el camino, nos plantea una serie de incertidumbres. En la actualidad del mundo occidental, las mujeres podemos votar, podemos trabajar fuera y dentro de casa, tenemos los mismos derechos formales que los hombres y se nos presupone como iguales. Sin embargo, a nadie se le escapa que lo fundamental ya no es que una declaración recoja una igualdad en términos formales y programáticos. Hay muchas cuestiones de fondo sin resolver, tal vez, las más importantes hoy.
El hecho de acceder a una educación superior, de elegir a la pareja por amor, de entrar al mercado con un currículum, etc., no nos asegura que vayamos a ser libres, independientes y felices. Tampoco le pasa a los hombres. Pero de lo que se trata es que seamos capaces de seguir un camino ascendente en la conquista de derechos, sin renunciar a nuestra dignidad, sabiendo que no hemos llegado al techo de nuestro potencial. Las primeras que tenemos que confiar y esforzarnos en nuestras posibilidades de superación somos nosotras; si no lo hacemos, nadie lo intentará en nuestro lugar.
En las últimas semanas, varios casos de malos tratos en el ámbito doméstico han saltado a la primera línea informativa. Por desgracia, esto no es nada nuevo, es más, cuando los medios de comunicación empezaron a contar lo que ocurría en muchos hogares de este país hace ya unos años, tampoco era una novedad. El hecho de que un asunto entre en la agenda pública es un síntoma de creciente interés, pero no de que la solución esté próxima. Las palizas, las humillaciones, los insultos y, en definitiva, las vidas rotas han sido una constante en muchas personas. Podemos buscar culpables, que sin duda los hay. Pero, quizás, sea más productivo buscar un porqué a tanta barbarie, durante tanto tiempo.
Las estructuras sociales de dominación patriarcal han creado muchas situaciones de desigualdad, que por repetidas empezaban a entenderse como normales. Se ha pensado que, unido a esto, el mundo rural era el medio propicio para esconder miserias y cerrar los ojos. Sin embargo, todo esto constituye un mito que nos impide adentrarnos en análisis más profundos y críticos. Hoy en día, el maltrato por cuestión de género y las vejaciones en general se dan en todas partes, en el mundo opaco del campo, pero también en el mundo bullicioso, despreocupado y solitario de las ciudades. Tampoco la clase exime de esta realidad, ni el grado de educación formal, ni muchas de las explicaciones cómodas que escuchamos a diario.
Es un problema de poder, pero sobre todo de independencia. Una persona que no ha conseguido crear los medios para ser libre, para ser independiente, tanto en el plano económico (que es uno de los más importantes aunque no se hable de él), como cultural, afectivo y familiar tiene más posibilidades de verse en un infierno terrenal. Es cierto que no es lo mismo ser parte activa del problema que observador, pero esta posición permite una frialdad que también hay que valorar en este tipo de análisis. Muchas personas aguantan la amargura de la cotidianidad porque no se creen capaces de tener otra vida, de cortar por lo sano y de empezar de cero, aunque eso signifique bastante a menudo empezar a vivir por fin. Hay quien aguanta por mantener una familia unida, por consolidar la apariencia de un estatus, porque han interiorizado como situación de normalidad algo que no lo fue desde sus inicios, etc. Las razones son muchas, cada uno tiene la suya, pero pensar sobre ellas puede ser decisivo para valorar dónde estamos y dónde queremos estar.
Ser mujer ya no sólo es cuestión de sexo, de género, de derechos constitucionales. Ser mujer es lo mismo que ser hombre. Se trata de desarrollar un proyecto de vida que nos permita ser libres e independientes, para ser lo que de verdad queremos ser, no lo que imponga el exterior o la parte del exterior que ya habita en nosotros mismos,..., la forma más sutil de dominación.
3 comentarios:
Me encanta esta entrada. La he leído ya un par de veces, en serio, me gusta mucho.
Creo que aún tenemos un serio problema, y que hay una realidad muy dura y difícil, pero también creo que, desde cada una de nosotras (sí, hablo en femenino en este caso), tenemos la llave del cambio.
Y, ahora más en particular, otra cosa que creo, es que somos unas campeonas.
Gracias, muchas muchas, por todo.
Un beso. Bea.
Te dejo el comentario en esta entrada, porque es ver la torre Eiffel tan bonita... y qué recuerdos!!
Así acaba el poema de Lorca que he escrito en mi última entrada:
"las rosas son tan blancas
como mi pena".
Pero el gusto con el que me he gastado los 80 euros... independientemente de lo que suceda o deje de suceder; gracias por haberme acompañado y escuchado tan pacientemente.
Hoy, como muchos días, paseaba ocioso por Internet, cuando vi tu escrito. Al verlo vi ciertas cosas que llamaron mi atención. Así que he decidido coger teclado y ratón y comenzar a narrar. Y así es como comienza mi discusión:
Cierto, en la vida hay cosas que se eligen y cosas que no. Pero las que nos son impuestas realmente pienso que son las menos.
En cuanto a la felicidad, más bien que "una mezcla de preparación y oportunidad", ¿no sería más bien la formación necesaria para enfrentarse al entorno cambiante al que uno se enfrenta día a día y la capacidad de entenderlo? Siendo esto último lo más importante. Ya que una persona se presupone feliz, cuando se integra de una forma optima a un sistema.
De otro lado, la verdad es que nunca me ha gustado de hablar de género masculino ni femenino, pues en realidad todos somos personas. Todos con los mismos derechos y obligaciones.
Cierto es que la mujer ha tenido que sortear grandes obstáculos a lo largo de los siglos para conseguir el bienestar del que goza hoy en día. Pero aunque tú exposición me parece bastante acertada, ya que también critico, como todo el mundo, el maltrato de género, ¿no piensas que tu carta sobrepasa la línea hacia el feminismo?
Y si la historia nos ha enseñado algo, es que el rencor no es el mejor aliado. Pues como he dicho antes por encima de mujeres y hombres se encuentra la persona. Termino al que aplicaré a aquel que tenga más de dos dedos de frente. Ya que no hay que mirar muy lejos para darnos cuenta que todo el mundo no llega a ese calificativo, y no es que critique a esta gente. Sino que ya sea por culpa de la tradición, la enseñanza o vete tú a saber porque, no han sabido o no han querido cruzar ese límite que distingue al hombre de un animal.
En cuanto a la manera de ser libre discrepo totalmente con tigo de que el "plano económico" sea uno de los más importantes. Dame cultura, y quédate lo demás para tí, ya que la cultura es la llave que abre todas las puertas, ya sea la de la saber amar o sentirte amado, y no ya tan sólo por la persona a la que deseas, sino también por tu familia y porque no por tus amigos.
Mientras que el dinero es simplemente un trozo de papel sin valor alguno para aquellos que realmente son libres, pues la libertad de quien realmente lo es, no se puede comprar, ni con dinero, ni con cualquier otro tipo de bien o servicio. ¿No crees?
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