Los libros que uno lee, pueden ser muchos o pocos, pero efectivamente son escasos aquellos que dejan huella para siempre. A veces, buscamos en ellos un espejo de nuestra propia vida, unas veces con más fortuna que otras. Quizás, como decía Umbral, lo que lee uno después de la adolescencia es ya siempre la repetición de lo leído. Pero nada, ni siquiera una de esas historias que nos emocionan, puede sustituir a la propia vida y a los sentimientos, al miedo, al amor, al dolor... La vida es valentía.
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